Los seres humanos
son sistemas dinámicos de energía que reflejan pautas evolutivas de desarrollo
espiritual. La conciencia humana aprende, progresa y evoluciona sin cesar; a
medida que se difunda el conocimiento de este proceso dinámico de cambio se
producirá un efecto de propagación que modificará la dinámica energética de la
especie humana en conjunto.
Por lo
general las personas que acuden al médico para recibir tratamiento por alguna
dolencia no han pensado en la necesidad de cambiar sus propios hábitos de vida y
su mentalidad. Pero la interacción médico-paciente sólo surte efectos curativos
en la medida en que se produce la cooperación mutua y un nivel más alto de
claridad espiritual por ambas partes. Las personas, además de seguir los
consejos del médico, deben asumir la responsabilidad de su propia
existencia.
Con frecuencia nuestras enfermedades pueden
ser un reflejo simbólico de ciertos estados internos de inquietud emocional,
bloqueo espiritual y malestar, que hemos venido utilizando para significar que
las enfermedades suelen ser debidas a que el individuo se halla “en
discordia” con algún aspecto de su conciencia superior. Aun cuando
concurran factores externos que aportan efectos negativos, éstos sólo llegarán a
ser patógenos en virtud de la susceptibilidad previa. A través de los Centros
Energéticos nuestros componentes sutiles traducen las dificultades emocionales y
espirituales en debilidades fisiológicas, que luego pueden manifestarse en forma
de colapso localizado de un sistema del organismo físico, es decir de
enfermedad.
Cuando se presenta la enfermedad, es señal de
que hemos restringido el flujo natural de la conciencia creadora y de las
energías sutiles a través de nuestro complejo multidimensional
cuerpo/mente/espíritu. Es un mensaje simbólico que nos advierte de que algo va
mal en el sistema. La zona afectada por la restricción debe reequilibrarse si se
quiere obtener una curación duradera.
Muchas de
las cuestiones básicas emocionales/espirituales que preocupan a los seres
humanos tienen que ver con las enseñanzas clave de los Centros Energéticos;
estas cuestiones energéticas fundamentales son las relativas al arraigo
terrenal, la sexualidad, el poder personal, el amor, la voluntad, la expresión
creadora, la visión interior y la búsqueda espiritual.
Cuando el individuo padece un bloqueo, un conflicto que atañe a una de esas
cuestiones clave, puede producirse la detención del flujo de energía en el
centro energético principal correspondiente, con lo que falta energía vital a
los sistemas corporales orgánicos asociados. Estos bloqueos llegan a expresarse
como enfermedades si el problema cronifica, lo que a su vez constituye una
enseñanza importante para la personalidad encarnada.
De estas enseñanzas ninguna tan importante como la del Centro Energético
cardíaco, la que consiste en la capacidad para expresar libremente el amor hacia
uno mismo y hacia los demás, allegados o no. En fin de cuentas la transformación
personal y espiritual depende de la apertura y el florecimiento de ese centro
cardíaco.
El miedo y la incomprensión son causas
primarias de muchas enfermedades, aflicciones y padecimientos en el mundo. A
menudo, cuando estamos funcionando desde los aspectos inferiores de nuestra
conciencia, nos cegamos ante nuestros propios temores y los proyectamos hacia el
mundo exterior, cuando el verdadero problema reside en el fuero interno. Para
disolver y curar esos temores, la clave estriba en eliminar el bloqueo del
Centro Energético cardíaco siendo capaces de actuar desde posiciones de amor y
perdón. Si abrimos nuestro centro cardíaco y dejamos que pasen libremente las
energías espirituales superiores catalizaremos no sólo nuestra propia curación
sino incluso la de quienes nos rodean.
La
reencarnación es el sistema por el que las almas, en tanto que
particularizaciones de la propia energía de Dios, consiguen evolucionar,
aprender y madurar espiritualmente, con lo que contribuyen al acervo total de
conocimiento y de experiencia tanto de Dios como de las conciencias
individualizadas que son las almas. Dada la conectividad holográfica entre Dios
y todos los aspectos de la creación, la inmensa conciencia que es Dios conoce
siempre y en todo momento cuanto sucede en todo el
universo.
El sistema de la reencarnación permite que
las almas aprendan mediante sus errores y sus nuevas experiencias a través de
numerosos tránsitos vitales en organismos físicos. Todas las vivencias, tanto
las positivas como las negativas, quedan registradas en el cuerpo causal y
pueden afectar por medio del karma al desarrollo de las vidas futuras. Siendo el
karma el principio de la reencarnación, a veces resumido en el aforismo de
“lo que se siembra es lo que se recoge”: el sistema energético de créditos y
débitos, o de pruebas y equilibrios, mediante el cual puede experimentar el alma
toda la gama de las perspectivas de la existencia.
Las acciones abusivas de una vida aparecen a veces en otra vida posterior
convertidas en una minusvalía correspondiente, lo que viene a ser como enseñar
los dos lados de la cuestión; de manera similar, la personalidad encarnada que
alcanza riqueza, honores e influencia social quizás lo debe, al menos en parte,
a las acciones positivas de tránsitos anteriores. La filosofía de la
reencarnación permite que admitamos los diversos inconvenientes físicos y
socioeconómicos a título de experiencias útiles para el progreso anímico y la
maduración espiritual de la personalidad física. Lo que una persona decida hacer
en una situación determinada, o si aprovechará o no esa circunstancia para su
progreso espiritual, son cuestiones que dependen de la libre voluntad del
individuo.
En el pasado existieron civilizaciones
conocedoras de la reencarnación y la anatomía multidimensional humana, entre las
que cabe citar la Atlántida, Lemuria y las diversas escuelas del misterio de
Egipto y Grecia. Pese a la perversión humana, a las guerras y a la corrupción,
siempre han existido avanzadillas secretas dedicadas a conservar las doctrinas
de la naturaleza divina de los seres humanos y su extensa gama de
posibilidades.
Los siglos han presenciado la encarnación de
grandes maestros que se consagraron a recordar la antigua sabiduría espiritual,
como Lao Tsé, Confucio, Buda, Zoroastro, Mahoma, Jesús de Nazaret y otros. Sus
enseñanzas han dado lugar a numerosas grandes religiones, aunque todas enseñan
los mismos principios básicos bajo diferentes acentos y versiones. Todas
expresan la misma verdad, aunque en el decurso del tiempo se haya perdido el
sentido simbólico de las enseñanzas que pretendían transmitir. Las metáforas de
sus mensajes se han tomado en sentido literal, a tal punto que muchas veces
queda alterado o perdido el significado espiritual
originario.
La administración de Energía Vital es un
enfoque de la curación basado en el concepto einsteiniano de la materia como
energía y del ser humano como una serie de campos energéticos complejos en
equilibrio dinámico. El campo de la materia física se halla en equilibrio con
estos campos de dimensiones superiores (“Con este término aludimos a los
sistemas energéticos sutiles que vibran a velocidades hiperlumínicas, por
ejemplo a las energías no físicas”) del espacio/tiempo negativo. La actividad de
estos campos de frecuencia etérea, astral, mental, causal o superior consiste en
suministrar información, estructuración y conocimiento superior a la
personalidad encarnada desde sus fuentes espirituales. La finalidad de todo este
dispositivo estructural es la de suministrar un vehículo de expresión al alma
que ha de progresar a través de sus experiencias en los mundos de la
materia.
La administración de Energía Vital aspira a
una reunificación más completa y plena de la personalidad con el Yo Superior.
Las modalidades terapéuticas vibracionales tienden a vigorizar las conexiones
energéticas entre la personalidad y el alma propiamente dicha, por cuanto
reequilibran el complejo cuerpo/mente/espíritu. No todos los recursos de la
curación vibracional operan en los planos energéticos más altos, pero la meta y
el objeto del terapeuta vibracional siempre será la de obtener ese ajuste
en sus pacientes.
Con el
avance de las técnicas de la Nueva Era, aparecerán sistemas de síntesis de
imagen susceptibles de corroborar el esquema de la anatomía multidimensional
humana. De ello resultará una mayor aceptación de la administración de Energía
Vital por parte de la clase médica establecida.