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La terapia por imposición de las manos (“Con este término general se designa la curación psíquica -este concepto subsume varios tipos de curación por imposición de las manos, que obedecen a distintas clases de interacción energética; así hay sanadores magnéticos, espirituales, cirujanos psíquicos, etc.- o magnética que opera bajo la presencia directa del terapeuta”) se ha practicado en todo el mundo desde hace miles de años. A finales del siglo XVIII, Franz Mesmer supuso que durante el proceso se produce el intercambio de una sutil energía vital, de naturaleza magnética, entre terapeuta energético y paciente.

  Hacia los años sesenta del siglo en curso, el doctor Bernard Grad reprodujo, en esencia, los descubrimientos de Mesmer en lo concerniente a la energía emitida por las manos. Avanzando un paso más, Grad demostró que esta energía sutil (aplicada al agua de riego) estimulaba el crecimiento de las plantas, así como la cicatrización de las heridas y la prevención del bocio en ratones de laboratorio. Los resultados de Grad en cuanto a la cicatrización de las heridas por la intervención de terapeutas energéticos fueron luego reproducidos en otro laboratorio.
  La doctora Justa Smith corroboró mediante experimentos con soluciones de enzimas (“Molécula proteínica especializada que actúa como catalizador o acelerador de las reacciones químicas corporales en un sentido determinado”) que los campos magnéticos producían efectos cualitativamente parecidos a los de las energías de los terapeutas energéticos.
  La doctora Smith descubrió además que diferentes enzimas reaccionaban en sentidos distintos a las energías del terapeuta energético, pero que el signo del cambio correspondía siempre a las situaciones de mayor salud celular.
  Además la doctora Smith demostró la capacidad de reparación de las enzimas perjudicadas por parte de los terapeutas energéticos, con lo que ponía de manifiesto el comportamiento de entropía negativa de las energías curativas; es decir, que éstas promueven transformaciones en el sentido de aumentar el grado de ordenación de los sistemas. Otras investigaciones con diferentes terapeutas energéticos demostraron la entropía negativa de las energías curativas en sistemas químicos no vivientes.
  En los experimentos de la doctora Smith con los terapeutas energéticos y pese al empleo de magnetómetros sensibles no se pudieron medir los campos magnéticos emanados por aquellos. En cambio, los más modernos y recientes dispositivos SQUID superconductores de interferencia cuántica (“La rama de la física que estudia las características energéticas de la materia a nivel subatómico”) han apreciado aumentos de la emisión magnética, aunque pequeños, cuantificables durante el proceso de la imposición de manos, estableciéndose que la energía vital es efectivamente de naturaleza magnética y parecida a los campos magnéticos de gran intensidad en algunos de sus efectos biológicos, aunque sólo en sentido cualitativo, ya que resulta sumamente difícil detectar ésta energía con los instrumentos convencionales.
  En resumen, la energía de los terapeutas energéticos se caracteriza por su entropía negativa y su semejanza cualitativa con los campos magnéticos, aunque difícilmente pueda ser detectada con el instrumental EM convencional. Esta característica coincide con las predichas para las energías magnetoeléctricas o del espacio/tiempo negativo (“Dícese del dominio de la energía y la sustancia que vibran a velocidad superior a la de la luz, y que seguramente abarca los mundos etéreo y astral de la materia”) por el modelo Tiller-Einstein del espacio/tiempo positivo-negativo(“Un modelo científico de los dominios positivo y negativo del espacio/tiempo, deducido de las ecuaciones de la relatividad einsteiniana, y propuesto por el doctor William Tiller. En este modelo, la energía y la sustancia del espacio/tiempo positivo vibran a velocidad inferior o igual a la de la luz y tienen propiedades eléctricas o electromagnéticas. La energía y la sustancia del espacio/tiempo negativo vibran a velocidad mayor que la de la luz, son de carácter magnético y su naturaleza energética es la magnetoeléctrica”)..
  Las investigaciones de la doctora Dolores Krieger demostraron que las energías de los terapeutas energéticos aumentaban los niveles de hemoglobina (“Macromolécula compleja de los glóbulos rojos de la sangre, que se encarga de transportar el oxígeno a todos los sistemas celulares del organismo”) en personas enfermas, lo mismo que habían aumentado el contenido de clorofila en las plantas tratadas con agua que había sido sometida a la acción de los terapeutas energéticos. Por primera vez se establecía un parámetro experimental que permitía una valoración bioquímica de los efectos de la energía curativa en los humanos.
  La doctora Krieger demostró también la posibilidad de adquirir por aprendizaje las facultades curativas de los terapeutas energéticos. Las enfermeras discípulas suyas lograron aumentar la tasa de hemoglobina de sus pacientes al igual que los terapeutas energéticos naturalmente dotados, demostrando que aquellas facultades son una posibilidad innata de los seres humanos y pueden desarrollarse mediante el aprendizaje y la práctica.
  Las variedades de la energía vital ocupan toda una gama espectral de fenómenos; de tal manera que la imposición de las manos, o lo que podría describirse quizás con más exactitud como curación magnética : (“La variedad de la técnica de imposición de manos que actúa fundamentalmente en el plano etéreo. En otro contexto, dícese también de la utilización terapéutica de campos magnéticos pulsantes para tratar las enfermedades”), tiende a manifestar sus efectos reequilibradores más bien en los planos físico y etéreo, y debe ejecutarse hallándose el terapeuta energético en contacto con los Centros Energéticos del paciente.