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   La medicina ortodoxa ha iniciado ya, gradualmente, la exploración de los usos de la energía para el tratamiento de las enfermedades. De ahí el empleo de radiaciones para tratar el cáncer, el de la electricidad para paliar el dolor y reducir tumores, el de los campos electromagnéticos para estimular la curación de fracturas óseas, y el de los campos magnéticos para aliviar el dolor y la inflamación de la artritis.
  El cuerpo físico posee ciertos circuitos de feedback autoregenerativo, como la “corriente de la lesión”, que fomentan la reproducción celular y la reorganización de los tejidos cuando el organismo ha sufrido una herida. Es posible que existan en el interior de la célula y entre unas células y otras determinados sistemas electrónicos y de efecto semiconductor, que participen en los aspectos normales del crecimiento y de la reproducción celular.
  La ciencia está desarrollando rápidamente nuevas técnicas de síntesis de imagen, como el escáner de tomografía computarizada, el de emisión de positrones y el de resonancia magnética nuclear, que son otras tantas ventanas abiertas sobre la estructura y el funcionamiento del cerebro y del organismo, a disposición de la medicina.
  Ciertos sistemas de fotografía Kirlian (“Un proceso electrográfico desarrollado en Rusia por el ingeniero Semyon Kirlian, que utiliza el efecto corona para captar sobre una película sensible los procesos bioenergéticos de los seres vivos”) han permitido demostrar de manera reproducible el fenómeno llamado efecto de la hoja fantasma (“El que se observa en las fotografías Kirlian de hojas de plantas a las que se ha amputado un trozo, y que aparecen enteras en la electrografía; en esta imagen fantasma vemos el cuerpo etéreo del fragmento de hoja que falta”), cuya interpretación más plausible es que se trata de la imagen del cuerpo etéreo de un organismo viviente.
  Tanto la fotografía Kirlian como los escaners IMR permiten observar importantes fenómenos celulares y bioenergéticos porque producen frecuencias que entran en resonancia con las componentes naturales, celular o energética, de los organismos que se estudian.
  Algún día será posible construir un aparato de síntesis de imagen que permita obtener la figura del cuerpo etéreo por un procedimiento similar al empleado en la tomografía computarizada. Entonces se sumarizará un gran número de secciones transversales hasta que hayamos trazado el volumen del cuerpo etéreo. La base de tal sistema sería un generador de frecuencia que estimulase el cuerpo etéreo por resonancia subarmónica para producir efectos resonantes electromagnéticos (“En el contexto de este  trabajo, el espectro amplio de las energías que se propagan a la velocidad de la luz”).
  Tal aparato de exploración del cuerpo etéreo revelaría las alteraciones significativas de éste antes de que se manifestasen como anomalías celulares patógenas en el cuerpo físico.