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La energía accede al organismo en forma de corriente que entra por lo más alto del cráneo, a través del centro energético corona. Puesto que todos los centros energéticos se hallan encadenados por mediación de la médula espinal y de los ganglios nerviosos, según la dirección marcada por el eje central del cuerpo, la energía se propaga hacia abajo, del chacra corona hacia los centros energéticos inferiores, y así se van distribuyendo las corrientes sutiles hacia los órganos adecuados y las partes corporales donde haga falta. Cada centro energético se asocia con una frecuencia vibracional diferente. Podríamos considerar el símil de la luz blanca que entra en un prisma, y que se convierte por refracción en los siete colores del arco iris; la explicación es que la luz blanca contiene las frecuencias de todos esos colores. De una manera parecida entran por el centro energético corona las energías cósmicas, y la refracción de esta corriente superior la descompone en las siete corrientes vibracionales diferentes. Cada color vibracional se distribuye así al centro energético correspondiente, que es el que sintoniza con la frecuencia específica de ese color concreto.

  Las energías sutiles absorbidas por los centros energéticos se transforman en señales endocrinas; todo sucede como en un transformador eléctrico reductor de tensión. Cuando entra en los centros energéticos la energía de naturaleza vibracional superior, o sutil, experimenta una reducción y se transmite como información de un orden más bien fisiológico. Así la energía sutil se convierte en señales hormonales de cada una de las glándulas principales de secreción interna vinculadas con cada centro energético. Las hormonas pasan a la circulación de la sangre en cantidades muy pequeñas, pero de efectos potentes que se hacen sentir en todo el cuerpo físico. Al mismo tiempo, cada centro energético distribuye la energía vital entre varios órganos diferentes que vienen a ocupar la misma localización en el organismo y tienden a resonar con frecuencias similares.
  Cada órgano del cuerpo tiene una frecuencia energética propia. Los órganos de frecuencia similar tienden a agruparse en la misma región del organismo, o los vincula una relación fisiológica especial.
  Por ejemplo, el centro energético del plexo solar guarda relación estrecha con los órganos situados en las inmediaciones de ese plexo, como son el estómago, el páncreas, la vesícula biliar y el hígado. Todos esos órganos desempeñan un papel en la fase inicial de la digestión. Las energías sutiles distribuidas a esos órganos por el centro energético del plexo solar contribuyen a mantener la salud y el buen funcionamiento de ese aspecto de la digestión; y viceversa, cualquier anomalía del flujo de la energía vital asignada al centro energético del plexo solar se manifestará en forma de dificultades del sistema digestivo como la úlcera péptica, los cálculos biliares, la pancreatitis, etc. Importa, pues, conocer las razones de ese funcionamiento anormal del centro energético, por cuanto intervienen procesos emocionales, mentales y espirituales así como pautas de comportamiento.
  Los centros energéticos son algo más que meros transductores pasivos (“Técnicamente, la conversión, transformación o traducción de un tipo de energía o de información a otro. En lo que aquí nos concierne, la transducción implica que una señal energética o eléctrica se convierte en química o viceversa, como sucede en las sinapsis del sistema nervioso”) de la energía sutil. De hecho son órganos de percepción psíquica de nuestros cuerpos sutiles, y cada centro energético se asocia a un tipo diferente de función psíquica. Por ejemplo, el Tercer Ojo o centro energético frontal tiene relación con las facultades intuitivas y la clarividencia. El centro energético de la garganta entra en funcionamiento durante las sesiones de clariaudiencia. El centro energético cardíaco está relacionado con la sensibilidad táctil remota, y así sucesivamente. La razón de que los centros energéticos intervengan en estas facultades de percepción superior estriba en que son puntos de entrada de las energías procedentes de los planos etéreo, astral, mental y otros superiores.
  Cada centro energético representa en realidad un multiplexado de numerosos centros de energía superpuestos de los cuerpos sutiles. En una misma región tenemos un centro energético mental, uno astral y uno etéreo. Las energías sutiles originadas en los niveles vibracionales mentales y otros espirituales superiores se procesan a través del centro energético mental y se reducen al nivel astral; este proceso se repite en el centro energético astral conforme pasan la energía mental demultiplicada y los influjos astrales directos. Luego la energía se transmite al centro energético etéreo desde donde, previa una última reducción, se distribuye por los nadis a los centros especializados, nerviosos y glandulares, del organismo físico.