El
planteamiento farmacocinético (“Modelo médico que recurre al cálculo de las
dosificaciones de medicamentos en base al peso del paciente, sus constantes
metabólicas y la velocidad de eliminación, al objeto de precisar el efecto
terapéutico deseado”) utiliza dosis medidas de fármacos para tratar de influir
sobre los sistemas físico/celulares del organismo. El modelo farmacocinético se
funda en una interpretación mecanicista, newtoniana, de las interacciones a
nivel molecular, cuyo ejemplo típico sería los enlaces fármaco-receptor en
función de las dosis, localizados en la membrana celular.
El planteamiento homeopático utiliza cantidades minúsculas de sustancias
medicinales para inducir cambios fisiológicos terapéuticos mediante
interacciones en los campos de energías sutiles.
En los
remedios homeopáticos, la signatura energética de la sustancia medicinal se
transfiere a un disolvente, como puede ser el agua, y de ésta a una píldora de
excipiente inerte, cómo la lactosa. Los efectos benéficos no son producidos por
las propiedades moleculares de la sustancia sino por su signatura
vibracional.
En la homeopatía, a más alta dilución, o lo
que es lo mismo, a más baja concentración molecular de un remedio, mayor su
potencia. Ello difiere con el concepto farmacocinético, según el cual la
potencia aumenta con la concentración molecular.
La
homeopatía se funda en la ley de la similitud, según la cual los remedios se
eligen por su capacidad para reproducir en un individuo normal y sano los
síntomas de la persona enferma. Al establecer la igualdad del complejo de
síntomas del paciente con el “modelo homeopático” descrito para el remedio, se
obtiene la sintonía vibracional correcta entre paciente y
remedio.
En homeopatía se elige el remedio con arreglo
a su capacidad para estimular y reequilibrar el cuerpo físico suministrándole
una frecuencia específica de energía sutil. Si la frecuencia del remedio
corresponde a la del estado patológico del paciente, se producirá una
transferencia de energía resonante que podrá ser asimilada por el sistema
bioenergético (“Cualquiera de las fuerzas eléctricas, electromagnéticas o
energéticas sutiles que generan los organismos vivientes”) del paciente,
permitiéndole expulsar las toxicidades y recuperar un nuevo punto de equilibrio
de la salud.